Equipo de Redacción A Tu Salud

Actualmente, cuando la expectativa de vida sigue en aumento a nivel mundial (en Argentina supera los 75 años) desde diferentes enfoques de la medicina, la mirada está puesta en ahondar las medidas tendientes a lograr que las personas lleguen a edades avanzadas  de la forma más óptima posible.

La Organización Mundial de la Salud (OSM) recientemente puso énfasis en la necesidad de que los Estados renueven sus políticas sobre el tema. En el “Informe mundial sobre envejecimiento y salud”, el organismo habla de un cambio en el concepto de envejecimiento y respalda el reemplazar el modelo de salud curativo por uno que esté centrado en la prestación de los cuidados integrales y la promoción de la integración en todas las esferas de la vida social.

Es que superadas las concepciones que sostenían que la llegada del final de la vida se asociaba  al término de los años laboralmente productivos -es decir, la jubilación- en la actualidad el encuadre respecto es distinto.

De hecho, ya alejados de esta postura frente a la vida, muchos hombres y mujeres que atraviesan esta etapa piensan más bien en seguir con distintos proyectos o saldar los pendientes, como estudiar, aprender una disciplina  (artística o no) o sencillamente reunirse con amigos y familiares, viajar e inclusive, rearmar su vida afectiva y de pareja, entre otros aspectos.

No obstante, aclara el informe de la OMS, el alcance de las oportunidades de una mayor longevidad dependerá, en gran medida, de un factor clave: la salud.

“Si las personas viven en buen estado de salud, su capacidad para hacer lo que aprecian será apenas incomparable a la de una persona más joven. Pero si esos años se determinan por reducción de la capacidad física y mental, las derivaciones para las personas mayores y para la sociedad serán mucho más negativas”, puntualiza el escrito donde se destaca que por primera vez en la historia la mayoría de la población mundial puede aspirar a vivir más de sesenta años.

Hábitos saludables, la clave

Marcelo Barcenilla, médico geriatra y gerontólogo, citó que si se quiere contar con una buena calidad de vida desde el punto de vista físico, emocional y mental, es preciso tomar algunas medidas en los años anteriores a la tercera edad.

Entre los principales componentes de riesgo que son precisos impedir figuran los altos niveles de colesterol y triglicéridos, como del mismo modo patologías como la diabetes y la hipertensión o bien, hábitos poco saludables, entre ellos, el tabaquismo, el sedentarismo y el consumo desmedido de alcohol y otras sustancias nocivas.

Por el contrario, detalló el especialista, salir a caminar treinta minutos entre dos y tres veces por semana (de manera de estimular los grupos musculares), ejercitar el cerebro (con al menos una lectura de una hora todos los días), cambiar los horarios de las rutinas, conservar las redes sociales activas y alimentar los lazos afectivos sólidos con la familia, son parte del secreto para vivir con plenitud muchos años.

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“Volver a lo natural”

Entre otras pautas para cuidar el organismo, la alimentación proporcionada y saludable, basada en el consumo de  vitaminas, minerales, calcio y fibra, figura entre las prioridades. En un mundo donde la industrialización de los alimentos ha llevado muchas veces a alterar sus componentes naturales, lo recomendable es retomar las dietas basadas en platos más bien naturales o hechos en casa.

Patricia Chalabe, médica diabetóloga reveló que de hecho, “estamos en una situación bastante tóxica debido a la utilización de productos elaborados con muchos conservantes, agregados y estabilizantes”. Por eso, ella recomienda el consumo de productos naturales e integrales y en lo posible cocinar con vegetales de origen orgánico como así también evitar las gaseosas y los jugos preparados, entre otros productos. “Estos hábitos se deben incorporar inclusive desde la infancia”, sugiere la especialista.

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La influencia del entorno

Pero a esta valoración integral sobre el envejecimiento se suma otro factor, que tiene que ver con el medio ambiente, que puede brindar una serie de recursos o bien, plantear dificultades. Esto, en última instancia establecerá si la persona tiene las posibilidades de hacer las cosas que siente.

Así, ejemplifica el informe, aunque el adulto mayor esté limitado en sus capacidades, podrá hacer las compras si tiene acceso a medicamentos o a un dispositivo de apoyo (como un bastón o una silla de ruedas), o si vive cerca de un medio de transporte accesible.

Esta relación entre el individuo y el entorno en el que vive, y cómo interactúan, es lo que se conoce como capacidad funcional. Esto se define como los atributos relacionados con la salud que permiten a las personas ser y hacer lo que tienen razones para valorar. A partir de estos conceptos, se define que el envejecimiento saludable es el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite  el bienestar en la vejez.676029_NpAdvHover

Una mirada más optimista

El psicólogo y director del Centro de Psicología Cognitiva Santiago Gómez sugirió que una forma de vivir con plenitud esos años de libertad y disfrute de todo lo sembrado a lo largo de la vida, consiste en conservar las habilidades sociales (por ejemplo, ir al club o juntarse con amigos), satisfacer los propios intereses y disfrutar de todas las actividades que se consideren placenteras, como el deporte, el teatro, la música, la pintura y todo lo que la persona crea conveniente.

Para conseguir una mirada optimista, recomendó Gómez, es preciso estimular el pensamiento positivo, la creatividad y concentrarse en soluciones frente a las dificultades que vayan apareciendo.

En ese sentido, algunas pautas pueden ser: agradecer todas las mañanas por un nuevo día de vida; tener proyectos personales, no renegar por los dolores físicos, propios de la edad; valorar todo lo que uno sí tiene y puede; cortar los pensamientos negativos, tales como “como ya soy grande” y cambiarlos, por “lo voy a intentar”. Del mismo modo se recomienda reír porque de este modo se estimulan las endorfinas que mejoran el humor.

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Fuente: losandes

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