Sexualidad

VIH en personas mayores de 50

por Debra Wood, RN

La posibilidad de infectarse con una enfermedad incurable nunca se le ocurrió a Jane Fowler. Después de su divorcio, Jane tuvo una relación sexual con un viejo amigo de la familia. Un análisis de sangre para una póliza de seguro alertó a la periodista de 55 años de edad que estaba infectada con VIH, el virus que causa SIDA.

¿Qué es el VIH/SIDA?

El virus del VIH debilita el sistema inmunitario del cuerpo, y deja a los pacientes vulnerables a infecciones, cáncer y otras enfermedades. La gente que está infectada con VIH no parece estar enferma ni padecer de algún síntoma grave por años y puede, de hecho, parecer perfectamente saludable. Pero las personas con VIH pueden transmitir el virus a otros a través de la actividad sexual o compartiendo agujas. Sin embargo, el contacto ocasional no incrementa el riesgo. El virus vive en los fluidos corporales, no en las cosas, así que actividades como compartir los cubiertos, abrazar, usar un baño público o dar la mano no incrementan el riesgo de contraer el virus.

Los adultos mayores son los menos informados acerca de los riesgos

En general, los adultos mayores están menos informados que los adolescentes y los adultos jóvenes acerca del virus, sus riesgos y las formas de prevenirlo. Jane está haciendo su parte para educar a adultos mayores al salir a la calle y compartir su historia. También fundó una organización llamada HIV Wisdom for Older Women.

Prevención

Se han ofrecido muchos programas de prevención exitosos a personas en comunidades para jubilados, en ferias de salud, al igual que en otros lugares en los que se reúnen adultos mayores. Los programas utilizan materiales adecuados para la edad y adaptan mensajes de alcance público para abordar las necesidades de una audiencia mayor. También reclutan adultos maduros para transmitir el mensaje.

“Hacemos la presentaciones divertidas”, dice John Gargotta, de Florida’s Senior HIV Intervention Project. “Los viejos voluntarios y el equipo de trabajo son lo que hace que nuestro programa funcione tan bien. Ellos crean diálogos y una atmósfera donde la gente se siente cómoda al hacer preguntas”.

Existen muchas formas de reducir el riesgo de contraer VIH; estas incluyen:

  • Tenga condones a mano y siempre utilice un condón de látex durante las relaciones sexuales con personas cuya condición médica ignora. Piénselo porque no solamente tiene sexo con la persona en la que usted confía y cree que conoce, sino con las personas con las que su pareja ha tenido sexo.
  • Aprenda cómo hablar de sexo y cómo negociar protección con potenciales parejas.
  • No comparta ningún tipo de aguja.
Sométase a controles

“Si alguien se ha puesto en riesgo, debe realizarse un control”, afirma Jane. “Me siento afortunada de haber ‘reprobado’ la prueba de sangre de la compañía de seguros cuando lo hice y de haberme dado cuenta que estaba infectada. De no haber sido así, probablemente estaría muerta hoy debido al SIDA”. El tratamiento temprano mejora las probabilidades de vivir con la enfermedad.

Hable con su médico

Los análisis de sangre de rutina no incluyen la prueba de VIH y es posible que algunos médicos no pidan la prueba de VIH cuando pacientes mayores realizan una consulta. No espere a que su médico hable sobre el tema. Si usted cree que puede estar en riesgo, realícese una prueba de VIH y analice los riesgos con el médico.

RESOURCES:

Center for AIDS Prevention Studies

http://www.caps.ucsf.edu/

National Association on HIV Over Fifty

http://www.hivoverfifty.org/

CANADIAN RESOURCES:

Canadian AIDS Society

http://www.cdnaids.ca/

Canadian HIV/AIDS Information Centre

http://www.cpha.ca/

References:

Centers for Disease Control and Prevention. Sexually Transmitted Diseases Treatment Guidelines, 2010. MMWR. 2010;59(No. RR-12):1-110.

El-Sadr W, Gettler J. Unrecognized human immunodeficiency virus infection in the elderly. Arch Intern Med. 1995; 155:184.

HIV, AIDS, and older people. National Institute on Aging website. Available at: http://www.nia.nih.gov/health/publication/hiv-ai…and-older-people. Updated April 24, 2012. Accessed April 14, 2012.

Levy, JA, Ory, MG, Crystal, S. HIV/AIDS interventions for midlife and older adults: current status and challenges. J Acquir Immune Defic Syndr. 2003; 33 Suppl 2:S59.

Mack, KA, Ory, MG. AIDS and older Americans at the end of the Twentieth Century. J Acquir Immune Defic Syndr. 2003; 33 Suppl 2:S68.

Schable B, Chu SY, Diaz T. Characteristics of women50 years of age or older with heterosexually acquired AIDS. Am J Public Health. 1996; 86:1616.

Skiest DJ, et al. Human immunodeficiency virus infection in patients older than 50 years: a survey of primary care physicians’ beliefs, practices, and knowledge. Archives of Family Medicine. 1997;6:289-294.

Último revisado May 2012 por Brian Randall, MD

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La sexualidad en entornos residenciales: una cuestión de derechos y calidad de vida

La sexualidad en entornos residenciales: una cuestión de derechos y calidad de vida Por Feliciano Villar

 

Un artículo de Feliciano Villar
Universidad de Barcelona

 

 

Al menos desde la adolescencia, la sexualidad es una dimensión muy importante de la vida, una fuente de placer, un espacio de comunicación e intimidad y un factor importante que influye en nuestro bienestar personal.

Sin embargo, entre los prejuicios que tradicionalmente se han atribuido a la vejez y a los mayores, contamos con algunos referidos a su sexualidad. De acuerdo con estos estereotipos, la vejez es una etapa asexual, en la que la persona pierde la capacidad e incluso el interés en el sexo. Incluso cuando algunas personas mayores muestran abiertamente este tipo de intereses la tendencia es a pensar que es algo no apropiado o moralmente reprobable (¿por qué existen si no los ‘viejos verdes’, pero no los ‘jóvenes verdes’?).

Geriatricarea sexualidad en entornos residenciales

Aunque la práctica sexual disminuye con la edad, una mayoría de mayores continúa disfrutando de su sexualidad hasta edades muy avanzadas

Los resultados de los estudios realizados en este ámbito desmienten estos prejuicios. Aunque la práctica sexual disminuye con la edad, una mayoría de mayores continúa disfrutando de su sexualidad hasta edades muy avanzadas. Además, se ha de tener en cuenta que el sexo no se remite únicamente al coito, sino que existen otras prácticas (masturbación, besos, caricias, etc.) que pueden tener un papel importante en la vejez, como también lo tienen en otros momentos de la vida. La presencia cada vez de manera más abierta de la sexualidad en la vejez probablemente se incrementará en las próximas generaciones, en las que la educación y los valores en relación al sexo ya fueron mucho menos restrictivos.

Pese a ello, hay situaciones en las que la práctica de la sexualidad, o incluso el reconocimiento de los derechos sexuales de los mayores, se encuentran particularmente en entredicho. Una de ellas es la institucionalización, es decir, los mayores que viven en entornos residenciales. En estos casos, los impedimentos que los mayores encuentran para expresarse sexualmente, si así lo desean, son muy numerosos.

Barreras a la sexualidad de los mayores institucionalizados

Algunas barreras con las que se encuentran los mayores que viven en residencia para expresar intereses y comportamientos sexuales tienen que ver con el propio diseño y organización de las residencias de personas mayores. Todavía hoy, las instalaciones con las que contamos tienen mucho de hospital, donde la norma son los pasillos largos y amplios para acceder rápidamente a las habitaciones, o las habitaciones compartidas, sin una adecuada privacidad y sin mecanismos para regular el acceso (pestillos, cartelitos de ‘no molesten’) que dependan del usuario.

Los mayores que viven en estas instituciones pasan la mayor parte del tiempo en zonas comunes, supervisados por profesionales y siguiendo muchas veces unos horarios y actividades estandarizados. En este tipo de contexto, continuar con la práctica sexual que uno desea, y que quizá únicamente supone continuar lo que ya se hacía antes del ingreso, es francamente difícil.

Pero además de estas cuestiones de diseño y organización, las actitudes ante la sexualidad en la residencia también tienden a restringirla. Por una parte, las actitudes de los profesionales, quienes pueden ver en la expresión sexual de los mayores un problema que complica su trabajo y les provoca incomodidad (y por ello es mejor que no aparezca), o un motivo de burla o de cotilleo con los compañeros, sin respetar la intimidad de la persona mayor.

Actitudes también de la familia, para quienes en ocasiones no resulta fácil aceptar que su padre o madre, por ejemplo, puede seguir teniendo una vida sexual activa y que tiene derecho a ello. A veces, además, los profesionales trasladan a la familia situaciones que quizá pertenecen exclusivamente a la intimidad del residente, y las familias se atribuyen decisiones para las que se debería contar con la persona afectada.

Por último, también es necesario reconocer que las actitudes de los propios residentes tampoco siempre son siempre favorables cuando descubren o intuyen que un compañero o compañera expresa interés o comportamientos sexuales. El temor al qué dirán, o la presencia de prejuicios muy arraigados entre las actuales generaciones de mayores no ayuda a normalizar ese tipo de intereses y comportamientos.

Estas dificultades para seguir mostrando de modo natural una dimensión humana fundamental en ocasiones llegan claramente a una violación de los derechos de la persona. Estos casos son particularmente frecuentes para ciertos colectivos de personas mayores institucionalizadas. Estamos hablando, por ejemplo, de los mayores homosexuales, gays y lesbianas, que en muchas ocasiones no tienen sólo que renunciar a su sexualidad, sino incluso han de ‘volver al armario’ cuando ingresan en una residencia, y ocultar su identidad sexual por temor a ser rechazados o estigmatizados.

También supone un desafío la sexualidad de las personas con demencia. Algunas de ellas pueden mostrar comportamientos desinhibidos en relación al sexo, y determinar hasta qué punto la persona consiente o si hay riesgo de abuso, es complejo. Implica, además, ciertos problemas éticos cuya solución no debería ser, por defecto, restringir o impedir la expresión sexual y los derechos sexuales de estas personas simplemente en previsión de que pudiera haber algún problema.

¿Qué podemos hacer?

Como podemos observar, hay mucho que hacer todavía en relación a este tipo de situaciones. Quizá en primer lugar debemos reconocer que la sexualidad no sólo está presente en muchas de las personas que viven en entornos residenciales, sino que es un derecho que no se pierde al entrar en una residencia.

Geriatricarea sexualidad en entornos residenciales: una cuestión de derechos y calidad de vida. Por Feliciano Villar

La sexualidad no sólo está presente en muchas de las personas que viven en entornos residenciales, sino que es un derecho que no se pierde al entrar en una residencia

Pero además de esto, a nuestro juicio existen al menos dos tipos de medidas deberían tomarse para tratar esta cuestión. En primer lugar, formar mejor a los profesionales en cuestiones relacionadas con la sexualidad en la vejez, y con la sexualidad en entornos residenciales en particular, es fundamental. Hemos de tener en cuenta que son los profesionales (dirección, equipo técnico, auxiliares, etc.) quienes están en contacto directo con los mayores y deben asesorarles y apoyarles en relación con su sexualidad. Son ellos quienes, en último término, van a garantizar los derechos sexuales de los residentes.

En segundo lugar, esta labor de los profesionales debe tener lugar en un entorno institucional adecuado. Así, hemos de avanzar hacia la presencia de políticas y regulaciones, por parte de la dirección de las residencias y de las instancias que las supervisan, que explícitamente recojan medidas para formar, informar, garantizar y promover los derechos sexuales de los residentes, así como la aceptación de la diversidad sexual dentro de las residencia, dentro de un contexto de respeto mutuo y convivencia.

Reconocer la importancia de la sexualidad para las personas mayores que viven en residencia no es más que un elemento a incorporar en la atención centrada en la persona, con lo que supone de mejora en la calidad del cuidado y en promoción de una dimensión de la calidad de vida, la sexualidad, de la que frecuentemente nos olvidamos en la vejez.

Para saber más

Por desgracia, los estudios sobre la sexualidad de los mayores institucionalizados son muy escasos. Además del interés y relevancia del tema, esta fue una de las motivaciones de nuestro grupo de investigación en la Universidad de Barcelona para iniciar una línea de investigación en este sentido.

En español, el lector interesado puede profundizar en el tema a partir de las siguientes referencias:

· Villar, F., Triadó, C., Celdrán, C. y Fabà, J. (2012). Sexualidad y personas mayores institucionalizadas: La perspectiva del residente y la perspectiva del profesional. Informe para el IMSERSO, proyecto de investigación 25/11.
· Villar, F., Celdrán, M., Fabà, J. y Serrat, R. (2014). Regulación de la expresión sexual de los mayores ingresados en residencias. La visión de los profesionales. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 49(6), 272-278.
· Villar, F., Celdrán, M., Fabà, J. y Serrat, R. (2014). Staff attitudes towards sexual relationships among institutionalized people with dementia: Does an extreme cautionary stance predominate? International Psychogeriatrics, 26, 406-412.
· Villar, F., Celdrán, M., Fabà, J. y Serrat, R. (2014). Barriers to sexual expression in residential aged care facilities: Comparison of staff and residents’ views. Journal of AdvancedNursing, 70(11), 2518-2527.

En nuestro país, el tema de la sexualidad en la vejez también ha sido tratado por Félix López, profesor de la Universidad de Salamanca:
· López, F. y Olazábal, J.C. (2005). Sexualidad en la vejez. Madrid: Pirámide.

Este artículo de Feliciano Villar ha sido publicado en http://acpgerontologia.blogspot.com

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