Soledad

El suicidio, entre el ruido y el silencio

Sus factores de riesgo deben tratarse con rigor en los medios de comunicación, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas

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Decía Elías Canetti que “ni un solo ser humano ha sido agotado jamás. Ni en su extrema reducción, ni en la muerte, ni en su destrucción ha sido agotado jamás un ser humano”. Con frecuencia hablamos de cifras a la hora de dimensionar una tragedia. Ser la primera causa de muerte en España, con diez fallecidos diarios, no parece haber sido suficiente para romper esa barrera invisible que perpetua cualquier tabú, en este caso el del suicidio. Probablemente sólo haya algo más triste que el silencio denso que lo envuelve, la frivolidad con que emerge periódicamente en una maraña de declaraciones oportunistas, detalles morbosos, y búsqueda de chivos expiatorios que nos tranquilizan como sociedad y nos permiten sortear el sentimiento de culpa insoportable que amenaza con apresarnos colectivamente.

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Después de todo, las desgracias siempre les suceden a otros y algo habrá hecho o dejado de hacer alguien para que haya sucedido. Poco importa el dolor de quienes sobreviven a la muerte por suicidio de un ser querido el día siguiente al que el ruido que suplantó al silencio cesa, con idénticas consecuencias.

Nada nuevo bajo el sol en los aspectos menos alentadores de la condición humana, si no fuera porque el suicidio es una tragedia prevenible y evitable en la mayoría de los casos. Se sabe que es un fenómeno complejo y multifactorial poco proclive a ser explicado unicausalmente. Se conoce el potencial preventivo de abordar sus factores de riesgo con rigor en los medios de comunicación, siguiendo por una vez las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, para sortear el efecto contagio y las conductas imitativas, especialmente importantes en las poblaciones más vulnerables a estos efectos, los más jóvenes.

El suicidio es una tragedia que se puede prevenir y evitable en la mayoría de los casos

Se trata de identificar enfermedades mentales subyacentes, conflictos familiares inabordables y distintas formas de acoso o abuso, en definitiva detectar situaciones de sufrimiento insoportable particularmente frecuentes en distintas experiencias de exclusión al diferente que superan la capacidad de afrontamiento de quien apenas está abriéndose a la aventura de vivir, con la inocencia como principal bagaje. Ofrecer una red sociofamiliar cuidadosamente tejida con profesionales de distintos ámbitos, docente, sanitario, policial, judicial y de medios de comunicación, es la única respuesta coherente que podemos dar como sociedad para lograr la prevención, el único éxito posible si hablamos de suicidio.

Si no, no habremos aprendido que lo contrario del silencio no es el ruido, que sólo la corresponsabilidad puede exonerarnos de la culpa y el fracaso colectivo, y que podemos seguir obviando la realidad, pero no las consecuencias trágicas de obviarla. “Donde hay dolor es lugar sagrado. Algún día comprenderá la humanidad lo que esto significa”, escribía Oscar Wilde en su De Profundis. Quien no pueda mejorar el silencio, que lo guarde.

Mercedes Navío Acosta es Médico Psiquiatra y Directora del Proyecto Prevención del suicidio de la Estrategia de Salud Mental del Ministerio de Sanidad.

Ancianos muertos de soledad

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Hace unos días encontraron muertos en sus domicilios de Madrid a dos personas de 85 y 82 años, uno ya descompuesto sobre su cama y la hermana tirada en el pasillo, muerta desde hacía tres días.

Eran ciudadanos que pagaban sus impuestos, y que murieron en la más triste soledad durante este tórrido verano. Lo mismo ha sucedido en otras grandes urbes. Y en nuestras ciudades, mueren ancianos en soledad durante todo el año.

La opinión pública no es capaz de asimilar este trágico destino que amenaza a centenares de miles de personas ancianas que viven solas y a las que descubren los vecinos por el olor que se cuela por sus puertas, o por el ruido de un televisor encendido. Nadie los había echado de menos. Nadie había acudido a su llamada de socorro ante una rotura de fémur, un accidente en su domicilio o una enfermedad banal que los imposibilitó para utilizar el teléfono o gritar de forma que lo oyeran sus vecinos.

Nadie sujetó sus manos, ni secó sus frentes ni refrescó sus labios mientras se enfrentaban al tránsito en el que sus vidas se apagaban.

Ningún animal padece la experiencia de soledad en el momento de su muerte. Los seres humanos, sí.

Es necesario representarlos como a nuestros propios padres e hijos, como a un amigo. No cabe ninguna abstracción ante la muerte ni ante la vida, ante la injusticia y la insolidaridad que se apodera de unas sociedades esclavas de vorágines que nos dominan. Es preciso denunciar y gritar para rescatar la memoria del olvido.

Toda persona, por el hecho de haber nacido, forma parte de la gran familia humana. Para cada uno de los componentes de la sociedad, el “otro” no sólo es referencia sino componente fundamental de una existencia compartida.

Eso es lo que entendemos por civilización, eso es lo que asumimos como miembros de la sociedad humana. Con independencia de cualquier moral, religión o filosofía, porque aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir. Lo sepan o no, lo respeten o lo conculquen, en las diversas expresiones culturales, el vivir de los seres humanos y del mundo animado, y aún del medio en que vivimos, tiene un profundo sentido que nos informa y nos sostiene, porque nos anima.

Vivir es un quehacer que es preciso compartir con los demás en un ámbito general de libertad, de justicia y de solidaridad. Vivir con dignidad puede aconsejar a una persona poner fin a una situación insoportable. Pero no nos puede permitir que abandonemos en nuestras ciudades a personas para morir en soledad, con tristeza y sin auxilio.

Al menos, el del cariño, la comprensión y la cercanía.

Somos responsables de su suerte porque hoy es posible arbitrar medios para identificarlos y mantener servicios sociales que los cuiden. Ahora ha sido el calor, durante todo el año son la enfermedad, los accidentes o la infinita tristeza de saberse abandonados. El aislamiento físico no siempre responde a un abandono de sus familias. Su soledad responde a una sensación de impotencia por vivir una circunstancia para la que nadie los preparó. Asumieron la jubilación como la meta de una carrera que consistía en producir.  Algunos caen en la cuenta de que aún conservan salud y muchas de sus aptitudes físicas y mentales, pero no saben cómo compartirlas.

Muchos voluntarios sociales han asumido un compromiso con una persona mayor para visitarla, dar un paseo o acompañarla a cualquier sitio que sirva como excusa para compartir un rato y hablar.  Otros jóvenes comparten el curso académico con personas ancianas que viven solas, pueden valerse por ellas mismas, pero que disfrutan con estos nietos adoptivos y ellos con el descubrimiento de una realidad desconocida. En este caso la coordinación y el control son necesarios por personas preparadas de alguna asociación civil responsable. Desde hace décadas funciona en Madrid el programa de vivienda compartida con inmensas satisfacciones, y esfuerzos, claro.

En ningún pueblo de economía de subsistencia se abandona a los ancianos, sino que se les venera, se les reverencia y se les considera como clave de la vida familiar y social. Cualquier anciano es responsabilidad, no sólo de su familia sino del grupo social, y su pérdida es sentida por cada una de las personas como algo personal.

En las sociedades aparentemente desarrolladas y que tan sólo lo son en crecimiento económico y en posibilidades científicas y técnicas, no es de recibo asistir cada año y cada día a este espectáculo de seres humanos que mueren abandonados.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
fajardoccs@solidarios.org.es

Twitter: @CCS_Solidarios

Añadiendo a esto y como colofon un comentario del Papa sobre la eutanasia.

Eutanasia

Sobre la eutanasia, el papa ha denunciado una clase de “eutanasia oculta” de la sociedad que descarta lo que no es útil como los ancianos o los niños.

“Es una costumbre hoy dejar morir a los ancianos, pero decimos la palabra técnica, ‘eutanasia’, pero también existe una eutanasia oculta”, afirmado.

En este sentido, ha puesto el acento en que la soledad es el veneno más grande para los ancianos y ha explicado que la cercanía, la amistad, la ternura, es la mejor medicina para vivir largo tiempo.

Asimismo, advierte a los hijos que lo que se siembra se recoge.

“Yo pregunto a hijos que tienen padres ancianos: ¿Ustedes son cercanos o los tienen en una residencia, los van a visitar?” dijo.

“Se descartan ancianos, porque se les deja solos y además nosotros, los ancianos, tenemos achaques y traemos problemas”, explica el papa.

Suicidios en la tercera edad, una amenaza silenciosa

Escrito por  Danitza Montaño T/El País eN Ene 25, 2016

depresión

A sus 90 años Julio decidió poner fin a su vida, era una mañana del año 2015. Para esto tomó el cinturón que le había regalado su hijo y se ahorcó. Mucho antes en la puerta había colocado un letrero que decía llamen a la Policía. En el interior de su pequeña habitación, yacía colgado su frágil cuerpo, que según él ya no le importaba a nadie.
En otro escenario María tenía presión alta y diabetes, deprimida por la muerte de su esposo dejó de tomar sus medicaciones y se dejó morir. El hecho no fue registrado como suicidio pero bien saben sus hijos que fue así.
El suicidio en la tercera edad es una amenaza silenciosa que va en aumento en el mundo, se calcula que alrededor de un millón de personas pone fin a su vida, entre ellos un número creciente de individuos mayores de 60 años.
De acuerdo al profesor y psicólogo  José Carlos García Fajardo el suicidio estaba entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de entre 15 y 44 años, aunque el sector con mayor riesgo era el de los adolescentes. Ahora los suicidios de personas mayores sin prestaciones médicas se han disparado en el país en más de un 30%. Son las personas de edad que ya no se sienten útiles, ni necesitadas, ni queridas, las que toman esta decisión.
Cada día casi tres mil personas en el mundo ponen fin a su vida. Cada hora, ciento veinticinco personas se suicidan, más de dos personas por minuto. Un millón de personas se quitan la vida cada año, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según Fajardo hablamos de suicidios verificados, no de los camuflados en “accidentes”, previa ingestión de drogas, de alcohol o de broncas emocionales que conducen a aplastar el acelerador.
“Muchos ancianos que viven solos en las ciudades grandes y que ´aparecen´ muertos, no se han pegado un tiro, ni se han tirado por la ventana ni ingerido venenos, se han dejado morir, abandonándose en la comida y en la higiene, perdiendo fuerzas, y hasta intuyendo una liberación en dejar de llevar un vivir sin sentido”, explica y añade que todo tiene que ver con el abandono.
En Bolivia, la cantidad de población adulta mayor que estaría en condición de abandono y maltrato alcanza a una cifra de 33.474 personas, equivalente al 5,90% del total de Personas Adultas Mayores en el país. Sólo el 21% tiene sus necesidades básicas satisfechas, el 16% está en el umbral de la pobreza y el 63% en pobreza, según fuentes de la Defensoría del Pueblo.

En Tarija hay más de 23 mil adultos mayores en abandono
De acuerdo a los datos del Censo 2012 que el Instituto Nacional de Estadística (INE) facilitó a El País eN, en total en el departamento hay 43. 154 adultos mayores. La mayor concentración de éstos se encuentra en un rango de edad de 64 y 95 años, sumando 23.290 mujeres y 19.864 hombres. Del total, 23.057 están obligados a trabajar para sobrevivir, pues sus hijos no se encargan de ellos e incluso son los adultos mayores quienes aún deben mantenerlos.
De acuerdo a la Defensora del Pueblo en Tarija, Gladys Sandoval, la situación de los adultos mayores en el departamento es muy crítica, debido a que hay una constante vulneración de sus derechos humanos. Resalta, por ejemplo, que los hijos desconocen que se debe pasar una asistencia familiar a los padres (adultos mayores) si es que éstos no cuentan con recursos para sustentarse. Un estudio revela que los adultos mayores son abandonados mayormente en las calles, hospitales y centros geriátricos.
En el departamento ya se han registrado varios casos de fallecimiento de ancianos en situación de abandono e incluso adultos mayores internados en hospitales sin ningún familiar que responda por ellos.

Un caso emblemático en Tarija
En septiembre de 2014, tras varios años de estar alejado de su hija, quien partió hacia Estados Unidos en busca de trabajo, un anciano decidió quitarse la vida, se colgó con una soga que amarró a una tubería de su domicilio, ubicado en la ciudad de Yacuiba. Así lo informó la Policía.
Un familiar que vivía con él relata que el adulto mayor se sentía triste y ya no comía. “Fue encontrado colgado en un tubo metálico, el posible móvil del hecho fue una depresión por no reunirse con su hija en Norteamérica; no se encontró ninguna carta póstuma”, reportó la Policía en ese entonces.
Una situación similar, aunque no terminó en suicidio, lo relata Lola Palacios, la directora de la Casa del Adulto Mayor, cuenta que en una ocasión les llegó el caso de un anciano al que pusieron en un avión procedente de La Paz indicando que sus familiares estaban en Tarija.
Hechas las averiguaciones se descubrió que no tenía a nadie aquí por lo que el centro intervino y consiguió que se le recibiera en el asilo de ancianos Teresa de Jornet.

En Bolivia hay más de 33 mil ancianos abandonados
De acuerdo con los datos revelados por el presidente de la Asociación Nacional del Adulto Mayor de Bolivia (Anambo), Hugo  Crespo Terrazas,  en Bolivia hay 1,5 millones de adultos mayores. Del total, 30 de cada 100 personas de la tercera edad sufren algún tipo de maltrato físico o verbal.
Empero el maltrato verbal es una de las menores situaciones que deben soportar debido a que el abandono es un gran problema en el país.  Más de 33.400 personas adultas mayores sufren condiciones de abandono y maltrato en Bolivia, informaron fuentes de la Defensoría del Pueblo.
“En Bolivia la cantidad de población adulta mayor que estaría en condición de abandono y maltrato, alcanza una cifra de 33.474 personas”, señala un informe entregado por ese despacho a los periodistas.
De acuerdo a la psicóloga tarijeña Claudia López Figueroa una forma de lograr un entorno saludable para los ancianos está cimentada en la creación de entornos sociales afectivos y lazos familiares fuertes, en los que se apoye a los ancianos y se produzcan relaciones intergeneracionales saludables, “entornos en los que se acepte el envejecimiento como una dimensión del transcurso vital de las personas. Esto evitará que los adultos mayores se dejen morir o tomen decisiones radicales”, explica.

Prevención de los suicidios
Los profesionales que trabajan en la prevención de los suicidios insisten en que se trata de muertes evitables que, en algunos países, alcanzan a 10,4 por cada cien mil habitantes y, entre los adolescentes, el riesgo es del 30% por la misma proporción y ahora en personas mayores sin medios.
Ya sabemos que el suicidio es un tabú tan fuerte como el incesto o, hasta hace poco, la homosexualidad. En los Libros de estilo de muchos medios se reglamenta la publicación de estas noticias, “porque pueden provocar estímulo de imitación”.
La OMS pide mejorar la educación en el tema, reducir la estigmatización y aumentar la conciencia de que el suicidio es prevenible. En muchas legislaciones, el intento de suicidio se castiga como delito.
Empero, lo cierto es que es necesario prevenir decisiones fatales que podrían evitarse mediante atención médica y psicológica, comprensión y tratamiento, información adecuada y medios eficaces. Los más vulnerables son los ancianos sin medios para vivir con dignidad.
“No vamos de la vida hacia la muerte, sino que aspiramos a momentos felices al saberse uno mismo, libre y responsable”, señala López.
Aunque no se ha hecho mucho por prevenir este problema, en Bolivia y en Tarija hay algunos lugares creados para dar mejores días a los adultos mayores, entre los más importantes están: el asilo de ancianos y la casa del adulto mayor.

El asilo de ancianos
Divido en cuatro pabellones, separados hombres de mujeres, el “Hogar de Ancianos Santa Teresa de Jornet”  se yergue en la calle Santa Cruz y funciona desde 1993, vale decir hace 20 años. En él, diez monjas y quince trabajadores de apoyo cumplen la función de atender a 162 ancianos.
El patio central, rodeado de rosas y hortensias, sirve de espacio para que los adultos mayores que ahí habitan tomen un poco de sol cada mañana, celebren algunas fechas especiales e inevitablemente recuerden a sus hijos en largas conversaciones.
Algunos caminan por todo el patio y otros sólo están sentados en sus sillas. Son muy pocos aquellos ancianos que se distraen en la sala con el televisor; tanto así que la misma madre responsable del pabellón de varones, Nieves Ojeda Huarayo, dice: “estas personas son de otra camada, pues no ven televisión”.
De acuerdo a datos de la madre superiora del asilo, Florentina Delgado, en el hogar están en su mayoría agricultores que han vivido una vida muy golpeada. “Algunos son traídos por su familia, a veces vienen solos y en otras ocasiones los trae la Policía porque se extraviaron. Muy pocas familias reclaman por ellos y los vienen a recoger”, revela Delgado, quien añade además que muchos de ellos sufrieron violencia familiar.
Pero más allá de las palabras, la tristeza se respira en el aire y una sencilla cifra la ratifica; pues recurriendo a un cálculo mental, la hermana Nieves Ojeda afirma que sólo cuatro ancianos de 162 reciben por día la visita de sus familiares.

La casa del adulto mayor
Otra iniciativa en Tarija es la casa del adulto mayor, se trata de una infraestructura que ha sido construida pensando en dar a los adultos mayores un lugar en el que puedan ver transcurrir su vida con mayor calidad y mejores condiciones.
Su edificación fue un sueño para su directora, Lola Palacios, desde que comenzó a trabajar en la Unidad del Adulto Mayor. “Yo conocí un centro en Argentina y quería algo así para Tarija, ellos han venido hace poco y han visto el centro y me han dicho que yo me he copiado de ellos pero que ahora ellos se van a copiar de nosotros, les ha gustado mucho lo que tenemos aquí”, explica.
La infraestructura de la Casa del Adulto Mayor cuenta con los ambientes necesarios para promover la socialización de las personas de la tercera edad en reuniones y otras actividades como la realización de manualidades, comidas y encuentros, donde los adultos mayores pueden expresarse a través del canto y el baile.
Además se ha construido una piscina muy cómoda equipada especialmente para que las personas de la tercera edad puedan practicar natación y hacer ejercicios que les benefician en factores relacionados a la salud. Allí cuentan con vestidores y duchas.
También existe una sala de hidromasajes con tres jacuzzis para que los usen aquellas personas que precisen este tipo de masaje terapéutico.
Para casos de pequeñas emergencias médicas hay un consultorio a cargo de una enfermera en el que pueden recibir primeros auxilios y también medicamentos que les serán otorgados de manera gratuita.
Doña Lolita, como le llaman a la Directora, los atiende y escucha sus problemas y necesidades. En casos graves canaliza la búsqueda de soluciones.

El adulto mayor y la depresión
Doña Dolores salía todos los domingos a las 15.30 a la puerta del asilo. “Es que mis hijos ya van a venir y tengo que estar bien presentable”, respondía a quienes le preguntaban por qué se había puesto tan linda ese día.
Se cepillaba el pelo desde la mañana, pasaba horas frente al espejo y hasta el almuerzo le parecía una pérdida de tiempo, porque no podía faltar a aquella cita que nunca se cumplió. Sólo el frío y la recomendación de las asistentes del asilo la movían del banco elegido, cuando las sombras de la noche llegaban para hacer juego con el crepúsculo de sus años.
Otra vez le habían fallado, otro domingo que no llegaron, pero nunca perdió la fe porque a pesar de sumergirse en depresión, en la semana, vivía de ese hilo de esperanza. Hasta que un día fue ella quien falló a la cita, hasta que la muerte apresuró su partida.
Cuentan los allegados que fue justamente un domingo que sus hijos la dejaron en ese asilo con la promesa. “Espéranos acá, que el domingo que viene vendremos para sacarte a pasear”.
Como ésta son muchas las historias y situaciones que sumergen a las personas de la tercera edad en situaciones de depresión. Se calcula que hasta un 30% de los mayores de 65 años en Bolivia padecen de alguna forma de depresión.
Se sabe que este estado de ánimo complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como el ictus; induce a un mayor riesgo de suicidio y se traduce en una mayor mortalidad por cualquier causa en quien lo padece.

Hay varias normas que
protegen a los ancianos

De acuerdo a una investigación bibliográfica que realizó El País eN, la Ley Nº 603 (Código de las Familias y del Proceso Familiar), artículo 33, inciso d. (Deberes de hijas e hijos, tuteladas y tutelados) expresa: “Son deberes de las y los hijos, tuteladas y tutelados: prestar asistencia a su madre, padre o a ambos, y ascendientes, cuando se hallen en situación de necesidad y no estén en posibilidades de procurarse los medios propios de subsistencia”.
-La Constitución Política del Estado Plurinacional por primera vez constitucionaliza los derechos de las personas adultas mayores en la Sección VII, Artículos 67, 68 y 69. Se sanciona toda forma de maltrato, abandono, violencia y discriminación.
-Está en vigencia el programa “Movilización por la identidad: Existo yo, Existe Bolivia” que proporciona carnets de identidad de manera gratuita a las personas indocumentadas.
-La Ley Nº 2616 de Registro Civil, acelera la tramitación de saneamientos de documentos de personas adultas mayores en la rectificación y corrección de errores.
-La Ley Nº 3323 de Seguro de Salud para la Persona Adulto Mayor (SSPAM) establece que, a partir de los 60 años, tienen derecho a recibir atención médica integral, gratuita, curativa y preventiva orientada a proteger su salud.
-La Ley Nº 1674 contra la violencia en la familia reconoce que los bienes protegidos jurídicamente son la integridad física, psicológica, moral y sexual de cada uno de los integrantes del núcleo familiar.
-El decreto Supremo Nº 0264, aprobado el 26 de agosto de 2009, declara este día como el “Día dela Dignidad de las Personas Adultas Mayores”.
-Se promulgó la Ley Nº 3791 de la Renta Universal de Vejez (Renta Dignidad) y Gastos Funerales de diciembre de 2007. La Ley otorga una pensión vitalicia y universal a todas las personas mayores de 60 años, que tengan o no jubilación.

El anuncio nos muestra un abuelo pasando navidades y navidades en soledad pues sus hijos están tan ocupados en sus quehaceres profesionales, familiares, viajes… que no tienen tiempo de reunirse.

Antiguamente era frecuente ver como tres generaciones convivían en el hogar compartiendo el día a día. El que la mujer trabajara en las tareas del hogar facilitaba el cuidado de las personas dependientes, bien fueran bebés, niños o ancianos. Con la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar empezaron a ser necesarios otros servicios que cubrieran estas necesidades así como son las escuelas infantiles, las residencias, o el personal contratado para estar en el hogar.

Nos parece fenomenal que la mujer pueda desarrollar su faceta profesional. En este sentido esta reflexión es un alegato a la conciliación, palabra que está a día de hoy en boca de todos pero en ningún lugar parece existir realmente.

Las jornadas laborales cada vez más largas junto con los salarios cada vez más precarios hacen muy difícil que esta conciliación sea posible. Pero ¿Es éste el único motivo por el cual nos resulta “imposible” cuidar de nuestros mayores?

Nos vamos a centrar en esta ocasión en la vejez aunque somos conscientes de que muchas de las cosas que vamos a tratar hoy serían aplicables a todo aquel sujeto dependiente (bebe, niño, discapacitado…)

Parece que a día de hoy se demandara ser eternamente joven. A los niños les introducimos cada vez más rápido en el mundo del adulto y los adultos no quieren crecer. La juventud está colocada en el lugar de la completud, convirtiéndonos en todopoderosos. Pareciera así que las personas dependientes nos molestan, no nos permiten llevar el ritmo acelerado que queremos y hay que “guardarlas”, “aparcarlas”, para poder seguir con nuestras vidas “sin límites”.

Es frecuente escuchar al personal de las residencias hablar de ancianos deprimidos, absortos en sí mismos, con la mirada al infinito y queriendo desaparecer. Estudios recientes comienzan a hablar del papel que juegan las emociones en que enfermedades como la demencia avancen más o menos despacio.

¿Con qué nos confrontan estos ancianos que necesitamos tanto esconder? Es como si al “guardarlos” estuviéramos negando algo, ¿el qué?  Desde nuestro punto de vista los ancianos nos confrontan con la muerte. Con que el “elixir de juventud” que nos prometen los anuncios de televisión es una “patraña” que sólo sirve para calmar momentáneamente la angustia que despierta el hecho de que todos, algún día, moriremos.

No es cuestión de ponernos pesimistas, pero si nos parece necesario poder reflexionar acerca de cómo poder integrar la vida y la muerte en un sujeto. En cómo poder aceptar nuestras limitaciones a través de ver las de los otros y cómo este hecho no debería “enviarnos al cajón del olvido” sino ser capaces de vivir con nuestra incompletud.

Os dejamos el enlace al video por si quereis verlo https://www.youtube.com/watch?v=7cJ1K7fyVPE

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La soledad en la tercera edad

La soledad es uno de los grandes enemigos del bienestar de nuestros mayores. Por eso, aquí encontrarás vías de escape y entornos de apoyo para combatirla y recuperar las ganas de disfrutar la vida en compañía.
Escrito por Maite Nicuesa Guelbenzu, Doctora en Filosofía

La soledad en la tercera edad

La soledad en la tercera edad es uno de los grandes enemigos del bienestar de nuestros mayores, un tema preocupante sin duda, ya que su calidad de vida no solo implica un buen estado físico, sino también emocional. La amargura y la tristeza roban las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas. En este sentido, conviene tener en cuenta que la sociedad y el modelo de familia han dado un giro importante en las últimas décadas. Por ello, conviene hacer autocrítica. Con la modernidad hemos conseguido retos muy positivos, pero en la actualidad también tenemos una profunda crisis de valores.

En este contexto, conviene recordar que cada persona, haciendo uso de su libertad, es capaz de ir más allá de las circunstancias sociales. Por ello, lo ideal es que los mayores tengan un protagonismo importante en el seno de la familia y no se sientan nunca solos.

Necesidades emocionales de las personas mayores

Las principales necesidades emocionales de las personas mayores son la necesidad de estima y reconocimiento. Necesitan sentir que forman parte de la sociedad y de su entorno cercano.

Para las personas mayores es muy gratificante rodearse de gente más joven porque se sienten más vivas y más alegres, y necesitan convivir con personas de edades diversas, que aportan formas de ver la vida y experiencias distintas a las suyas. Está claro que la alegría también se contagia, y en esto influyen detalles tan sencillos como la forma de vestir. Por suerte, en la actualidad las personas mayores pueden apostar por la moda y vestir de una forma juvenil y con colores animados, y es que el modo de vestir influye mucho en el estado de ánimo.

Sin embargo, es frecuente que algunas personas mayores puedan llegar a sentirse solas. El motivo es que no tienen familia, o sí la tienen, pero sus familiares actúan con indiferencia, lo que muchas veces es todavía peor. La soledad también puede surgir por los miedos y las inseguridades propias de la edad, o a causa de enfermedades crónicas que disminuyen su calidad de vida o les impiden desenvolverse por sí mismos.

En otros casos, existen personas que sufren mucho después de la jubilación ante el cambio que implica la falta de actividad profesional, y porque perciben su nueva situación como un aislamiento social por haber perdido también la relación que mantenían con sus compañeros de trabajo. Este cambio lo notan especialmente las personas que tenían un trabajo con el que eran realmente felices.

Curso informática tercera edad

Los cursos de informática ayudan a estimular la mente, y permiten hacer nuevos amigos y aprender a disfrutar de las ventajas que ofrece Internet.

Combatir la soledad en la tercera edad

Cuando los mayores ya no pueden valerse por sí mismos conviene tomar una decisión. Algunas personas apuestan por cuidar de sus padres en su casa, pero también existen casos de personas que llevan a sus padres a una residencia. Del mismo modo, destaca el excelente trabajo de los Centros de Día, que realizan una gran función, permitiendo que el anciano pueda dormir en casa, mientras durante el día se encuentra acompañado y atendido por profesionales.

Pero en caso de que el anciano pueda valerse por sí mismo, también conviene que la familia tenga gestos de interés por él: por ejemplo, los hijos y los nietos tienen que visitar a los mayores con regularidad. Conviene proponer planes semanales, como comer todos juntos el domingo y, al menos una vez al día, es recomendable que los hijos llamen por teléfono a sus padres para saber cómo están, qué han hecho a lo largo del día, y poder charlar un rato. También puedes sorprenderle en cualquier momento con un regalo para que se sienta especial, o comprarle revistas y periódicos para que pueda leer y estar informado de los temas de actualidad, hacer crucigramas, sopas de letras…

Hoy día se imparten numerosos cursos para personas mayores. Los de informática, por ejemplo, resultan de gran utilidad para estimular la mente, y también ofrecen la posibilidad de tener una ocupación, hacer nuevos amigos Y, además, aprender a disfrutar de todas las ventajas que ofrece Internet.

Existen proyectos interesantes que sirven de apoyo intelectual para muchas personas mayores. Por ejemplo, la Universidad para Mayores Francisco Ynduráin que tiene su sede en Aoiz (Navarra). Sin embargo, en cualquier ciudad se llevan a cabo actividades destinadas especialmente para las personas mayores. Otra posibilidad que puede aportar muchas satisfacciones es hacerse socio de un Club de Jubilados donde poder asistir cada día para jugar a las cartas, tomar algo, charlar con otros amigos y socializar. Además, en estos centros también organizan viajes y actividades culturales que son muy interesantes.

También hay instituciones centradas en el voluntariado que tienen como objetivo acompañar a las personas mayores que viven solas. En ese caso, aquella persona que lo necesite puede ponerse en contacto con la bolsa de voluntariado de su ciudad para demandar la ayuda de un voluntario. El hecho de recibir una visita semanal sirve de estímulo y de apoyo para aquellas personas que viven solas. Pero a su vez, las personas mayores que tienen calidad de vida, pueden colaborar como voluntarias en algo que les haga ilusión. Este tipo de iniciativas son muy positivas porque sirven para que la persona se sienta valorada y útil.

En la tercera edad es normal tener algún que otro achaque. Por ello, no hay que olvidar que los médicos también se convierten en un punto de apoyo importante para el paciente. De hecho, el médico de cabecera también realiza una gran labor de escucha activa.

 

dia-personasIdeas de negocio para personas de la tercera edad

Muchas personas de la tercera edad gozan de una calidad de vida notable. Después de la jubilación, muchas personas deciden dedicar este periodo de su vida a disfrutar de su tiempo de ocio plenamente. Aquellos negocios que están orientados a este público objetivo tienen posibilidades de éxito. ¿Qué iniciativas de emprendimiento pueden llevarse a cabo en este ámbito? Una academia de baile para personas de todas las edades pero ofertando cursos especiales para alumnos jubilados es una iniciativa positiva puesto que el baile es una de las aficiones preferidas de muchos mayores porque además de ser un entretenimiento positivo, también ofrece beneficios de salud física y mental.

 

Otras actividades de ocio que pueden ofertarse son: clases de gimnasia, un taller de risoterapia, una academia de idiomas, clases de teatro, técnicas de yoga… Cursos que desde el punto de vista pedagógico deben adaptarse a las necesidades y prioridades de las personas de la tercera edad.
Agencia de viajes para la tercera edad
Los mayores de 65 años son un colectivo que cuenta con una buena disposición para viajar al tener más tiempo libre durante todo el año. Muchos mayores prefieren delegar la organización de un viaje en una agencia especializada. Una agencia de viajes especializada en programar rutas de turismo para personas de la tercera edad puede ser una iniciativa a valorar.

Una empresa para hacer amigos
En la actualidad, existen distintas páginas de internet que ofrecen la posibilidad de hacer amigos y buscar pareja. Muchos mayores se sienten solos, tienen una reducida red de relaciones sociales. Por esta razón, una empresa de contactos especialmente orientada para personas mayores de 65 años puede ser un servicio muy valorado por muchas personas que quieren hacer nuevos contactos.
Un centro de día
Montar un centro de día es otra posible idea de negocio que ofrece un buen servicio para personas de la tercera edad y sus familias. Vitalia es la primera red de franquicias de Centros de Día en España. A través de la información de contacto de la página web aportada en el apartado “Empleo”, puedes enviar tu currículum.

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Relación entre el comer solo y la depresión

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A lo mejor de nuestro conocimiento, este es el primer estudio que examina el efecto de comer solo en la depresión al estado de la convivencia entre los adultos mayores. Encontramos una fuerte evidencia de que el efecto combinado de comer solo y que viven solas en la depresión es más prominente en los hombres. Esta relación se atenuó, pero poco seguía siendo, incluso después de controlar la conexión social. Por el contrario, las mujeres que comieron solos estaban deprimidos, incluso si vivían con otros. Sugerimos que esto puede reflejar bien la discordia familiar o diferentes estilos de vida entre los miembros de la familia. Más de la mitad de los sujetos que reportaron comer solos a pesar de vivir con los demás vivían con niños [9]. Algunos niños pueden no ser capaces de encontrar el tiempo para comer con la familia. Programas para prevenir la depresión pueden ser importantes para los adultos mayores que viven con los demás, así como para aquellos que viven solos.

Nuestros hallazgos sobre la asociación entre comer solo y el desarrollo de la depresión son consistentes con otros estudios sobre los niños y adolescentes [22 - 24]. La relación significativa entre comer solo y la depresión era independiente de la conexión social. Esto sugiere que comer juntos puede ser un tipo específico de actividad social que tiene beneficios adicionales mediadas por mecanismos diferentes a los de la participación social. Comer juntos pueden crear una sensación positiva específica de camaradería y ayuda mutua, por ejemplo [3]. Las actitudes hacia los alimentos y comidas varían mucho entre culturas. Por ejemplo, en los EE.UU., el comer es probable que se considere la salud orientado, mientras que en Francia se asocia más con la relajación y el placer; en Japón, las actitudes a comer mentira en algún lugar entre estos dos puntos de vista [25]. Un estudio informó que de los 17 Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), los franceses pasan la más larga y los japoneses la tercera mayor cantidad de tiempo de comer (Francia: 135 min / día, Japón: 117 min / día ) [26]. Los japoneses gastan casi 1,6 veces más tiempo comiendo que las personas en los EE.UU. (US: 74 min / día), lo que sugiere que las comidas de valor pueblo japonés y la comida lo que se refiere altamente. Aunque hay poca información acerca de las actitudes generales de los japoneses hacia los alimentos y comidas, comer solo que generalmente se considera digno de compasión. Comer solo puede, por tanto, afectar a todo el estado de salud mental en los japoneses.

Vivir solo exacerba el efecto de comer solo en el riesgo de depresión entre los hombres, pero no en las mujeres. Esto puede no ser el único relacionado con el vínculo matrimonial; diferencias en los roles domésticos entre hombres y mujeres también pueden ser importantes, como el efecto de comer solo persistió después de controlar por el estado civil (Tablas 2 y 3). Debido a los roles de género tradicionales en Japón, preparación de las comidas puede ser una tarea estresante para los hombres que están en duelo o viven solos. Los cambios en las perspectivas tradicionales sobre los roles de género japoneses pueden significar que menos hombres en las cohortes más jóvenes se sienten estresados ​​acerca de la preparación de las comidas ellos mismos. En los datos JAGES, los porcentajes de informes “sí” a la pregunta “¿Se puede preparar comidas por sí mismo? era, para los hombres, 77% en 2006 y 80% en 2013; para las mujeres, que fue del 96% en 2006 y 97% en 2013. Este impacto potencial cohorte específica de vivir sola en la depresión merece más estudio. Según un estudio realizado en los EE.UU., la administración del hogar es una de las principales causas de la depresión entre los hombres que han perdido a sus cónyuges [27]. Otra posible razón de la diferencia de género pueden ser los efectos de los cambios en la situación laboral. En Japón, la mayoría de los trabajadores son hombres. Hombres jubilados pueden ser más propensos que las mujeres jubiladas para comer solo, porque han perdido las oportunidades de conocer a colegas y otros socios comerciales. Continuando el estudio de la relación entre la situación laboral y el estado de la alimentación está garantizado.

Cabe mencionar varias limitaciones de este estudio. En primer lugar, medimos comer solo mediante una pregunta de un solo elemento; por lo tanto, no tenemos información sobre la frecuencia de comer solo. Sin embargo, la prevalencia de comer solo por estado de la convivencia en nuestro estudio fue comparable con lo reportado por Kimura et al.[28], que utiliza una pregunta diferente. En segundo lugar, no nos cuenta los cambios en el estado de estar durante el período de seguimiento, la composición del hogar, la situación en la que las comidas se comen solos (por ejemplo, el desayuno o la cena), y la ubicación de comer; Sin embargo, no es fácil de confirmar la posible extensión y dirección del sesgo resultante. Por ejemplo, puede haber habido un fallo en la detección de una causalidad inversa; es decir, si una persona deprimida comenzó a vivir o comer con los demás, la asociación entre comer y / o que viven solas y el posterior desarrollo de la depresión puede ser subestimada. Por otra parte, los efectos de comer a solas durante el desayuno, el almuerzo y la cena pueden variar. Por ejemplo, la cena puede ser más importante para la socialización de la familia que el desayuno [29]. Información sobre la situación de la alimentación y la ubicación es especialmente importante desarrollar programas eficaces para la prevención de la depresión; por lo tanto, estos factores justifican una mayor investigación. En tercer lugar, como la información que faltaba en factores tales como los rasgos de personalidad, el apetito y la presencia de miembros de la familia que requieren cuidados de enfermería, factores de confusión no se han tenido muy en cuenta. Sin embargo, hemos sido capaces de controlar los posibles efectos de confusión de las relaciones sociales. Dado el número de posibles factores de confusión que no podíamos explicar, nuestros resultados deben interpretarse con cierta cautela. En cuarto lugar, nos ha faltado datos sobre el consumo de drogas antidepresivos, que pueden haber sesgado la asociación entre el estado de la alimentación y la depresión; por ejemplo, los sujetos que comen con otros pueden ser más propensos a ser reconocido como deprimida y recibir tratamiento. Sin embargo, este sesgo puede haber sido insignificante, porque muy pocos sujetos (<1%) informaron de tratamiento para la depresión (datos complementarios, apéndice S4, disponible en Edad y Envejecimiento en línea). En quinto lugar, la mayoría de las covariables incluidas como se evaluaron medidas de conectividad social mediante una escala muy simple, de un solo tema que no ha sido validado, aunque las asociaciones entre estas covariables y los resultados de salud se han comunicado [20]. Por último, la generalización de los resultados puede ser débil, porque el presente análisis utilizó datos de los sujetos que respondieron tanto a la línea de base y la encuesta de seguimiento. Los temas utilizados en el presente estudio eran más jóvenes, tenían mayor estatus socioeconómico y tenía mejores relaciones sociales que los de la muestra de referencia (datos complementarios, Apéndice S2, disponible en Edad y Envejecimiento en línea). Esto sugiere que la muestra carecía de sujetos que eran vulnerables a la depresión, lo que puede nos han llevado a subestimar el efecto de comer estado de depresión.

Nuestro estudio tiene importantes implicaciones para la salud pública. Proporcionar oportunidades para comer con los demás puede ser eficaz en el mantenimiento de la salud mental de los adultos mayores. Por ejemplo, los servicios de comidas compartidas en centros comunitarios, que permiten a la gente a comer con los residentes locales y no dependen de comidas a domicilio, pueden ser beneficiosos para los adultos mayores. Los estudios futuros deben abordar los mecanismos que subyacen al efecto del género en los hábitos alimenticios y la capacidad protectora de las comidas compartidas para los adultos mayores.

Puntos clave

  • Comer solo es un factor de riesgo para la depresión en los hombres y las mujeres de más edad.

  • El efecto de comer solo en la depresión se mantuvo incluso después de controlar la conexión social.

  • El efecto combinado de comer solo y viviendo sola en la depresión es más prominente en los hombres.

 

Aquí pueden leer el articulo entero en ingles:   http://ageing.oxfordjournals.org/content/44/6/1019.full

 

Cualquier día es malo para morirse solo

Orlando Palma, La Habana | Octubre 23, 2015

anciano, tercera edad. (14ymedio/Luz Escobar)

Cuba podría convertirse en el país más envejecido de América. (14ymedio/Luz Escobar)

Funeraria La Nacional, nueve de la noche. En una de las salas sólo se ve una persona. Una mujer se mece en el sillón más alejado del ataúd. Se lima las uñas. “¿Cómo se llama el difunto?”, pregunta alguien desde la puerta. “No sé, yo estoy aquí esperando a mi hija que fue al baño”, responde ella. Cuando se levanta y se va, el féretro queda solo. Nadie ha venido para el último adiós.

La imagen de una sociedad donde las familias se hacen cargo de los abuelos hasta el final de sus días se ha resquebrajado en las últimas décadas en Cuba. El envejecimiento poblacional, los problemas económicos y los altos índices migratorios entre los más jóvenes son algunas de las causas por las que muchos ancianos se encuentran sin apoyo filial ni compañía.

“Puedes sembrar un árbol, tener un hijo o escribir un libro, pero eso no quita que estés solo cuando llegue la parca”, sentencia Manolo, de 81 años, que habita en una cuartería del barrio Los Sitios, en La Habana. Ingeniero retirado, vive solo desde hace más de 20 años, cuando su único hijo se fue a Estados Unidos durante la crisis de los balseros. Entre sus grandes temores, morir sin nadie cerca y “que me encuentren por la peste”, ironiza.

Según cifras oficiales, el 18,3% de los 11,1 millones de habitantes de la Isla supera los 60 años y para 2025 se calcula que las personas de la tercera edad rebasarán el 25%. Cuba podría convertirse en el país más envejecido de América. La situación no sólo plantea un reto para la infraestructura de salud y el sistema de seguridad social, sino también para la organización familiar y las entidades humanitarias.

Según cifras oficiales, el 18,3% de los 11,1 millones de habitantes de la Isla supera los 60 años y para 2025 se calcula que las personas de la tercera edad rebasarán el 25%

Aunque todavía sigue siendo común encontrar a nietos, padres y abuelos bajo un mismo techo, dados los graves problemas habitacionales, los casos de ancianos que viven sin compañía también han aumentado en los últimos años. Según el censo de población realizado en 2012, en un 9% de los hogares cubanos conviven al menos tres generaciones, pero en el 12,6% residen ancianos solos.

Cada día, esas personas tienen que sortear los obstáculos de una vejez en solitario. Las bajas pensiones o la falta de afecto filial están entre las causas que hacen que sus últimos años no transcurran con la holgura material y el cariño que siempre soñaron. En lugar de ello deben velar por sí mismos, apelar a los vecinos en busca de apoyo o pedir ayuda a entidades humanitarias.

Laura, de 64 años, forma parte de los más de 3.000 voluntarios de Cáritas que atienden a unas 28.000 personas, especialmente de la tercera edad, por todo el país. Tiene mucho trabajo ante el aumento de personas que envejecen en solitario. Cree que en pocos años ella también necesitará asistencia, porque nunca tuvo hijos y quedó viuda hace un lustro.

“A algunos les doy la comida porque tienen problemas para moverse, mientras que a otros les hago compañía alguna que otra tarde y converso con ellos”, explica esta maestra retirada que vive a las afueras de la ciudad de Ciego de Ávila. Según su experiencia, “cada vez hay más viejitos solos, porque muchos de sus hijos se han ido del país”.

“Cada vez hay más viejitos solos, porque muchos de sus hijos se han ido del país”

Al otro lado del pasillo de la cuartería de Los Sitios, donde vive Manolo, una anciana acaba de ser trasladada al hospital. “Las hijas todavía no lo saben, porque tenemos que esperar que llamen desde España para darles la noticia”, detalla. Sin embargo, el hombre cree que una vez ingresada va estar más cuidada, porque ya no podían seguir ocupándose de ella.

Postrada en la cama, la señora necesitaba de los vecinos para bañarse y comer. “Aquí todos los que vivimos somos mayores y ya no podíamos ni cargarla para llevarla al baño”, recuerda el preocupado vecino. “Las hijas mandan el dinero para los pañales desechables y la crema antiescaras, pero no están aquí para ayudar en el día a día”, sentencia el anciano.

Sin embargo, tampoco el sistema de Salud Pública parece estar preparado para enfrentar el marcado envejecimiento poblacional de la Isla. De los más de 83.000 médicos con los que contaba el país en 2013, sólo 279, un 0,33%, se habían especializado en Geriatría y Gerontología.

En las áreas rurales el fenómeno de los ancianos que viven solos parece tener una incidencia menor pero no deja de ser preocupante. “Los jóvenes no quieren saber del campo y se van, así que esto se ha vuelto un pueblo de viejos”, cuenta María Antonia, de 69 años y residente en Vertientes, Camagüey. Uno de sus hijos está trabajando en Varadero en una brigada constructiva y el otro “se metió a militar y le dieron casa en La Habana”, explica.

En la provincia de Camagüey habitan más de 142.000 personas de la tercera edad, pero sólo existen 911 capacidades en 13 hogares de ancianos, además de 24 casas de abuelos donde reciben atención diurna

La mujer tiene una rutina que sorprende para su edad. “Me levanto antes de la cinco para colar el café que después salgo a vender en algunos lugares”. Puede estar entre tres y cuatro horas de pie en la mañana para ofertar su mercancía. “Cuando regreso a la casa me duele hasta la vida”, cuenta. “¿Pero qué voy a hacer?”, pregunta con resignación.

“Sólo tengo a los vecinos cuando me da un dolor y debo ir al médico”, explica María Antonia, quien padece una cardiopatía. Sin embargo, dice preferir su actual situación de soledad a terminar en un asilo de ancianos. “No, eso me mataría, yo necesito estar activa”, detalla. Hace meses no puede lavar a mano por la artritis y le paga a una señora para que le limpie la casa. “Me estoy apagando poco a poco”, explica con desazón.

En la provincia de Camagüey habitan más de 142.000 personas de la tercera edad, pero sólo existen 911 capacidades en 13 hogares de ancianos, además de 24 casas de abuelos donde reciben atención diurna. En declaraciones a la prensa local, el doctor Jesús Regueira, jefe de la sección de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental de la Dirección Provincial de Salud Pública, ha lamentado que la disponibilidad de camas no se corresponde “con la demanda potencial”.

Sin embargo, la mayor parte de los ancianos consultados para este reportaje señala la falta de afecto familiar como el mayor problema de vivir sin compañía. “A veces me paso días sin hablar con otra persona”, dice María Antonia. “Lo que más miedo me da es irme de esta vida sin que nadie se entere; me asusta que no haya alguien para cerrarme los ojos”.