Solidaridad

Ancianos muertos de soledad

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Hace unos días encontraron muertos en sus domicilios de Madrid a dos personas de 85 y 82 años, uno ya descompuesto sobre su cama y la hermana tirada en el pasillo, muerta desde hacía tres días.

Eran ciudadanos que pagaban sus impuestos, y que murieron en la más triste soledad durante este tórrido verano. Lo mismo ha sucedido en otras grandes urbes. Y en nuestras ciudades, mueren ancianos en soledad durante todo el año.

La opinión pública no es capaz de asimilar este trágico destino que amenaza a centenares de miles de personas ancianas que viven solas y a las que descubren los vecinos por el olor que se cuela por sus puertas, o por el ruido de un televisor encendido. Nadie los había echado de menos. Nadie había acudido a su llamada de socorro ante una rotura de fémur, un accidente en su domicilio o una enfermedad banal que los imposibilitó para utilizar el teléfono o gritar de forma que lo oyeran sus vecinos.

Nadie sujetó sus manos, ni secó sus frentes ni refrescó sus labios mientras se enfrentaban al tránsito en el que sus vidas se apagaban.

Ningún animal padece la experiencia de soledad en el momento de su muerte. Los seres humanos, sí.

Es necesario representarlos como a nuestros propios padres e hijos, como a un amigo. No cabe ninguna abstracción ante la muerte ni ante la vida, ante la injusticia y la insolidaridad que se apodera de unas sociedades esclavas de vorágines que nos dominan. Es preciso denunciar y gritar para rescatar la memoria del olvido.

Toda persona, por el hecho de haber nacido, forma parte de la gran familia humana. Para cada uno de los componentes de la sociedad, el “otro” no sólo es referencia sino componente fundamental de una existencia compartida.

Eso es lo que entendemos por civilización, eso es lo que asumimos como miembros de la sociedad humana. Con independencia de cualquier moral, religión o filosofía, porque aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir. Lo sepan o no, lo respeten o lo conculquen, en las diversas expresiones culturales, el vivir de los seres humanos y del mundo animado, y aún del medio en que vivimos, tiene un profundo sentido que nos informa y nos sostiene, porque nos anima.

Vivir es un quehacer que es preciso compartir con los demás en un ámbito general de libertad, de justicia y de solidaridad. Vivir con dignidad puede aconsejar a una persona poner fin a una situación insoportable. Pero no nos puede permitir que abandonemos en nuestras ciudades a personas para morir en soledad, con tristeza y sin auxilio.

Al menos, el del cariño, la comprensión y la cercanía.

Somos responsables de su suerte porque hoy es posible arbitrar medios para identificarlos y mantener servicios sociales que los cuiden. Ahora ha sido el calor, durante todo el año son la enfermedad, los accidentes o la infinita tristeza de saberse abandonados. El aislamiento físico no siempre responde a un abandono de sus familias. Su soledad responde a una sensación de impotencia por vivir una circunstancia para la que nadie los preparó. Asumieron la jubilación como la meta de una carrera que consistía en producir.  Algunos caen en la cuenta de que aún conservan salud y muchas de sus aptitudes físicas y mentales, pero no saben cómo compartirlas.

Muchos voluntarios sociales han asumido un compromiso con una persona mayor para visitarla, dar un paseo o acompañarla a cualquier sitio que sirva como excusa para compartir un rato y hablar.  Otros jóvenes comparten el curso académico con personas ancianas que viven solas, pueden valerse por ellas mismas, pero que disfrutan con estos nietos adoptivos y ellos con el descubrimiento de una realidad desconocida. En este caso la coordinación y el control son necesarios por personas preparadas de alguna asociación civil responsable. Desde hace décadas funciona en Madrid el programa de vivienda compartida con inmensas satisfacciones, y esfuerzos, claro.

En ningún pueblo de economía de subsistencia se abandona a los ancianos, sino que se les venera, se les reverencia y se les considera como clave de la vida familiar y social. Cualquier anciano es responsabilidad, no sólo de su familia sino del grupo social, y su pérdida es sentida por cada una de las personas como algo personal.

En las sociedades aparentemente desarrolladas y que tan sólo lo son en crecimiento económico y en posibilidades científicas y técnicas, no es de recibo asistir cada año y cada día a este espectáculo de seres humanos que mueren abandonados.

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
fajardoccs@solidarios.org.es

Twitter: @CCS_Solidarios

Añadiendo a esto y como colofon un comentario del Papa sobre la eutanasia.

Eutanasia

Sobre la eutanasia, el papa ha denunciado una clase de “eutanasia oculta” de la sociedad que descarta lo que no es útil como los ancianos o los niños.

“Es una costumbre hoy dejar morir a los ancianos, pero decimos la palabra técnica, ‘eutanasia’, pero también existe una eutanasia oculta”, afirmado.

En este sentido, ha puesto el acento en que la soledad es el veneno más grande para los ancianos y ha explicado que la cercanía, la amistad, la ternura, es la mejor medicina para vivir largo tiempo.

Asimismo, advierte a los hijos que lo que se siembra se recoge.

“Yo pregunto a hijos que tienen padres ancianos: ¿Ustedes son cercanos o los tienen en una residencia, los van a visitar?” dijo.

“Se descartan ancianos, porque se les deja solos y además nosotros, los ancianos, tenemos achaques y traemos problemas”, explica el papa.

Martin Seligman, precursor de la psicología positiva moderna y profesor de la Universidad de Pensilvania, habla de tres niveles de felicidad:

1. El primero se referiría a la vida placentera, que ya hemos descrito: comer, beber, reír y disfrutar de los placeres que la naturaleza nos proporciona bajo el sol.

2. El segundo nivel sería una vida en la que realizamos actividades que nos involucran, comprometen y absorben hasta el punto de casi fundirnos con ellas y estar absortos –también disfrutando.

3. El tercer nivel sería llevar una vida con significado, en la que nos implicamos en proyectos y causas que son mayores que nosotros, trascendemos nuestra individualidad y encontramos nuestro disfrute a través de actividades que dan un sentido a nuestra vida.

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En los tres niveles hay bienestar, incluso mucho, y los tres son necesarios para alcanzar un buen nivel de bienestar psicológico. Sin embargo, cada uno de los tres niveles proporciona un bienestar de diferente tipo y cantidad.

¿Sabéis cuál es ranking? Según Seligman, lo que menos felicidad da es la vida placentera -el primer nivel- porque todos sabemos que el placer, por intenso que sea, suele ser pasajero: nos acostumbramos rápido a lo bueno.

Por el contrario, el nivel que mayor bienestar proporciona es el tercero: una vida significativa en la que ponemos nuestras capacidades al servicio de algo mayor que nosotros mismos, encontrándonos con proyectos trascendentes que nos permiten tener relaciones satisfactorias con otras personas y que implican al máximo nuestras capacidades y que, por supuesto, incluyen actividades de las que disfrutamos, aunque sea a un nivel menos sensorial que con otras.

No sabemos cuál es el camino exacto hacia la felicidad, pero la ciencia nos está indicando que, por lo menos, la felicidad es cosa de tres.

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Según este estudio, las personas felices se sienten más responsables de lo que dejarán a las generaciones futuras, están más motivados y preparados para cambiar lo que sea necesario en ese legado, y se implican más en iniciativas solidarias.

Por su parte, Gretchen Rubin, autora norteamericana del best-seller The Happiness project, argumenta en la misma línea a favor de la relación entre voluntariado y felicidad:

La gente feliz se interesa más por los problemas de la gente a su alrededor. Dedican más tiempo a ayudar a los demás y son más proclives a hacer voluntariado que a donar dinero. La felicidad le da a la gente la estabilidad emocional para mirar a su alrededor mientras que la gente menos feliz están más predispuestos a la desconfianza, la soledad y la preocupación por sus propios problemas.

 

¿Y ESO FUNCIONARÍA TAMBIÉN EN ESPAÑA?

La solidaridad nos hace más felices, desde el altruismo. Aunque uno a nivel individual piense que está haciendo poca cosa, está contribuyendo al bienestar de las personas y eso es algo que se distribuye y acaba construyendo una sociedad más solidaria y, por tanto, más feliz.

Elsa Punset, directora del Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional de la Universidad Camilo José Cela. ha desarrollado, dentro de la campaña Somos, la Teoría de la Solidaridad que confirma la relación que se da en los humanos entre solidaridad y felicidad.

El altruismo es a la vez innato y aprendido. Nacemos empáticos, con la capacidad de ponernos en la piel de los demás y de sufrir y disfrutar con ellos y podemos aprender a potenciar esta capacidad o, al contrario, a ahogarla. Los modelos sociales que muestran comportamientos altruistas ayudan mucho a la sociedad

 

Elsa Punset ha realizado un estudio para comprobar la hipótesis sobre la solidaridad humana a través de un cuestionario de diez preguntas que ha sido respondido por más de 40.000 personas de nuestro país en muy pocos días. Entre las conclusiones destaca la afirmación de que los mejores momentos de felicidad de las personas están relacionados con la solidaridad y las relaciones afectivas.

En tiempos de crisis, donde vemos que los gobiernos no llegan a todo, es fundamental despertar la capacidad activa de ayuda de las personas que forman parte de una sociedad. Nos necesitamos, y cada día más porque somos más, y para sobrevivir y prosperar tendremos que colaborar más”.

 

La solidaridad es la base de una sociedad próspera y humana, el lienzo en el que pintan la amistad y el amor sus mejores cuadros y, en definitiva, la razón por la que nos levantamos cada mañana pensando que todavía podemos cambiar el mundo y convertirlo en un lugar más bello.

En el mundo actual, en el que “dar” parece ser sinónimo de “recibir”, ya no se contemplan las ideas altruistas como parte del día a día. Sin embargo, las posibilidades son infinitas: se puede ser solidario en el ámbito familiar, en el trabajo o en tu comunidad, ser solidario también significa transmitir valores positivos a las personas que te rodean y participar de su felicidad. ¿Qué solidaridad practicas tú?

“No hay bien alguno que nos deleite si no lo compartimos”
Séneca.

Otro rasgo más del sentimiento o la emoción de felicidad es que no depende tan sólo de la experiencia o de las elecciones individuales, también es una propiedad de los grupos. Los cambios en la felicidad individual pueden atravesar las conexiones sociales y crear agrupaciones de gran escala dentro de la sociedad, dando pie a grandes grupos de individuos felices o infelices.

 

FELICES: MEJOR JUNTOS QUE POR SEPARADO

Al igual que otros rasgos de la personalidad, la felicidad personal parece estar muy marcada por nuestros genes. Los estudios sobre gemelos y mellizos demuestran que los gemelos tienen mayor tendencia a exhibir el mismo nivel de felicidad que los mellizos o los hermanos. Pero como veíamos en el primer tema, nuestras experiencias y nuestra determinación en la vida pueden influir decisivamente en nuestro estado de ánimo.

Dentro de esa herencia genética tenemos una gran variedad de sentimientos y emociones. Pero la ciencia ha podido determinar gracias a estudios realizados en personas que realizan meditación y  en especial meditación budista, que permitir aflorar la compasión y la naturaleza buena que todo ser humano lleva dentro puede ayudarnos a convivir con una mente más clara y más hábil a la hora de lidiar con las emociones negativas y fomentar las emociones positivas.

La felicidad no es una sucesión interminable de placeres que terminan por agotamiento, sino una forma de ser, una actitud ante la vida.

 

Un antropólogo estudiaba las costumbres de una tribu de África. Estaba siempre rodeado de niños y un día decidió proponerles un juego para que se divirtieran entre ellos. Consiguió una buena porción de caramelos en la ciudad y colocó todos ellos en un cesto, decorado con cintas y otras cosas, luego dejó el cesto debajo de un árbol.

Empezó a llamar a los niños y les explicó el juego: cuando él dijese “ya”, ellos deberían correr hasta aquel árbol y el primero que agarrase el cesto sería el vencedor y tendría el derecho de comerse todos los dulces.

Los niños se pusieron en linea esperando la señal. Cuando el antropólogo dijo “ya”, inmediatamente todos los niños se dieron las manos y salieron corriendo juntos en dirección al cesto.

Todos llegaron juntos y empezaron a dividir los dulces, y sentados en el suelo, se los comieron entre todos.

El antropólogo fue al encuentro sorprendido e indignado porque no hubieran entendido el juego y preguntó por qué fueron todos juntos, cuando si se esforzaban, uno sólo, el mejor, podría conseguir todo el cesto entero.

Los niños respondieron:
“¿Cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?… ¡UBUNTU!”.

UBUNTU significa:
SOY PORQUE SOMOS

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#SOYSOLIDARIO – EL DON DE REGALAR

Primera gran curiosidad: regalar nos hace más felices que recibir regalos. Así lo ha demostrado un estudio, que relaciona la generosidad con el hemisferio derecho del cerebro, experimentando una mayor sensación de felicidad cuando hacemos regalos a las personas que queremos que cuando nos los hacen. En otro estudio, realizado en 2010 por Elisabeth Dunn y su equipo, se demostró que los adultos eran más felices cuando se gastaban el dinero en otras personas que cuando lo hacían en ellos mismos.

Y es que aunque todos necesitamos de vez en cuando darnos algún capricho, al parecer ver la expectación y el agrado que experimentan las personas regaladas nos provoca una satisfacción mayor que autoregalarnos.

 

Muchas personas se han preguntado si ésta es sólo una conducta relacionada con los adultos y lo cierto es que no. Un artículo publicado por PLOS One indicaba que este fenómeno puede apreciarse también en los niños más pequeños. Aunque éstos no están en edad de regalar como tal, la Universidad de British Columbia quiso hacer el experimento utilizando golosinas.

Estos niños, a pesar de estar encantados de recibir presentes, mostraban mayor felicidad cuando les daban ellos mismos una golosina propia a un peluche. Por encima incluso de cuando el experimentador se las daba a los niños o cuando el experimentador le daba al peluche una de las suyas. La felicidad de estos niños era independiente de las “emociones” expresadas por el peluche, que era manejado por el experimentador. Con ello quedaba claramente demostrado que los niños eran más felices compartiendo sus propias chucherías. ¿Y tú? ¿Preparado para ser feliz?

“Uno a uno todos somos mortales. Juntos, somos eternos”
Apuleyo

El anuncio nos muestra un abuelo pasando navidades y navidades en soledad pues sus hijos están tan ocupados en sus quehaceres profesionales, familiares, viajes… que no tienen tiempo de reunirse.

Antiguamente era frecuente ver como tres generaciones convivían en el hogar compartiendo el día a día. El que la mujer trabajara en las tareas del hogar facilitaba el cuidado de las personas dependientes, bien fueran bebés, niños o ancianos. Con la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar empezaron a ser necesarios otros servicios que cubrieran estas necesidades así como son las escuelas infantiles, las residencias, o el personal contratado para estar en el hogar.

Nos parece fenomenal que la mujer pueda desarrollar su faceta profesional. En este sentido esta reflexión es un alegato a la conciliación, palabra que está a día de hoy en boca de todos pero en ningún lugar parece existir realmente.

Las jornadas laborales cada vez más largas junto con los salarios cada vez más precarios hacen muy difícil que esta conciliación sea posible. Pero ¿Es éste el único motivo por el cual nos resulta “imposible” cuidar de nuestros mayores?

Nos vamos a centrar en esta ocasión en la vejez aunque somos conscientes de que muchas de las cosas que vamos a tratar hoy serían aplicables a todo aquel sujeto dependiente (bebe, niño, discapacitado…)

Parece que a día de hoy se demandara ser eternamente joven. A los niños les introducimos cada vez más rápido en el mundo del adulto y los adultos no quieren crecer. La juventud está colocada en el lugar de la completud, convirtiéndonos en todopoderosos. Pareciera así que las personas dependientes nos molestan, no nos permiten llevar el ritmo acelerado que queremos y hay que “guardarlas”, “aparcarlas”, para poder seguir con nuestras vidas “sin límites”.

Es frecuente escuchar al personal de las residencias hablar de ancianos deprimidos, absortos en sí mismos, con la mirada al infinito y queriendo desaparecer. Estudios recientes comienzan a hablar del papel que juegan las emociones en que enfermedades como la demencia avancen más o menos despacio.

¿Con qué nos confrontan estos ancianos que necesitamos tanto esconder? Es como si al “guardarlos” estuviéramos negando algo, ¿el qué?  Desde nuestro punto de vista los ancianos nos confrontan con la muerte. Con que el “elixir de juventud” que nos prometen los anuncios de televisión es una “patraña” que sólo sirve para calmar momentáneamente la angustia que despierta el hecho de que todos, algún día, moriremos.

No es cuestión de ponernos pesimistas, pero si nos parece necesario poder reflexionar acerca de cómo poder integrar la vida y la muerte en un sujeto. En cómo poder aceptar nuestras limitaciones a través de ver las de los otros y cómo este hecho no debería “enviarnos al cajón del olvido” sino ser capaces de vivir con nuestra incompletud.

Os dejamos el enlace al video por si quereis verlo https://www.youtube.com/watch?v=7cJ1K7fyVPE

- See more at: http://www.serviciospsicologicosmadrid.com/blog/2015/12/03/donde-queda-la-vejez-en-nuestros-tiempos#sthash.d4NkcFgA.dpuf

Impacto de la pobreza energética en la salud

Por Javier Segura del Pozo
Médico salubrista

Ha llegado el frío y se acerca otro invierno, en que los hogares donde la crisis ha dado una mayor dentellada, van a tener que volver a pensárselo dos veces antes de encender la calefacción. La pobreza energética (neologismo para muchos y muchas)  forma parte de la vida de los invisibles de la crisis, aunque afortunadamente es cada vez menos invisible ¿Cuál es el impacto de la llamada pobreza energética sobre la salud? ¿Cuál es el coste en términos de gasto sanitario y farmacéutico? ¿Y sobre el rendimiento escolar y la igualdad de oportunidades de estudio y trabajo? ¿Cuáles son las intervenciones públicas más eficientes para proteger la salud? ¿Qué podemos hacer además de preocuparnos?

 

Introducción y Resumen

Residir en un hogar que no alcanza el nivel térmico recomendado por la OMS (18ºC en el dormitorio y 21º en el cuarto de estar) tiene importantes efectos directos e indirectos sobre la salud. Los efectos directos son un incremento del riesgo de morir y de enfermar, especialmente por enfermedades respiratorias (constipados, neumonía, asma), circulatorias (hipertensión, infarto miocardio, ictus, etc.), articulares (artritis y artrosis) y problema de salud mental (ansiedad y depresión).

Los efectos indirectos son las complicaciones de enfermedades preexistentes (como la diabetes, ulceras, osteoartritis, problemas de rodilla o cadera, Parkinson, demencia, etc.), el retraso en la recuperación de las personas que han sido intervenidos quirúrgicamente, el dilema entre calefacción o alimentación (“heat or eat”), el incremento de accidentes domésticos, el empeoramiento del rendimiento escolar (aumento del absentismo escolar), la sensación de inseguridad e infelicidad, y el aislamiento social. Es notable el gasto sanitario y farmacéutico asociado a la pobreza energética.

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Vivienda en el barrio de Tetuán, Madrid. / Foto: DAVID FERNÁNDEZ (https://www.diagonalperiodico.net/global/24348-espana-cuarto-pais-la-ue-pobreza-energetica.html)

Vivir en una casa fría mata

Es sabido que durante el invierno hay un exceso de mortalidad y también que el frio exterior mata, pero no es tan conocido el hecho de que también mata el vivir en casas frías, es decir el frio del interior de las viviendas. La pregunta es qué proporción de la sobremortalidad de invierno (diciembre a marzo), es debida a la mortalidad debida a la pobreza energética. Una pista de su importancia es que esta sobremortalidad invernal es más importantes en los países del sur de Europa (Portugal, España) y aquellos que han sufrido más la crisis (Irlanda), en comparación  con los países del norte, con climas mucho más fríos (países escandinavos)[1]. Es decir, que las condiciones de los hogares (baja eficiencia térmica y pobreza energética) pueden jugar un papel importante en este exceso de mortalidad invernal.

En el estudio anteriormente mencionado, se estimaba que la sobremortalidad invernal en España es de 21%, de las mas altas de Europa (solo superada por Portugal: 28%), lo que en 2012 supuso unas 24.000 muertes extras. Diferentes estudios estiman que entre 20% y 50% del exceso de muertes invernales son debidas a la pobreza térmica. En la revisión que hizo hace 4 años el equipo de Michael Marmot[2], se llega a la conclusión que al menos un 20% de este pico invernal puede ser atribuido a la pobreza energética. Lo que supondría en el caso de España unas 4.800 muertes anuales por pobreza energética, si tomamos esta estimación más conservadora. Lo que equivale casi a 3 veces la mortalidad por accidentes de trafico (1800 muertes anuales).

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Según algunas estimaciones, en España se produce cada invierno al menos 4.800 muertes por pobreza energética, tres veces más que la debida a los accidentes de tráfico

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Otro indicio de la importancia de la temperatura interior en el exceso de mortalidad invernal, es la diferencia en el exceso de mortalidad invernal en el 10% de hogares más fríos (aumento de 2,8% mortalidad por cada descenso de temperatura exterior de 1ºC debajo de los -5ºC), en relación al 10% de los hogares más cálidos (aumento del 0,9% de mortalidad), evidenciado en el estudio inglés de Wilkinson de 2001[3].

En cuanto a las causas de muerte, se estima que del 30-40% de sobremortalidad invernal es debida a las enfermedades respiratorias y circulatorias

En países como España hay que considerar también que la asociación entre pobreza energética y hogares con peor asilamiento térmico, supone no solo vulnerabilidad frente al frio, sino frente al calor extremo en verano. El otro pico de mortalidad se da en el verano y son los residentes de las casas de baja calidad térmica y sin sistemas de refrigeración (especialmente personas mayores que viven solas),  las victimas de esta sobremortalidad asociada a las olas de calor. Por ello en España, la inversión en rehabilitación de viviendas para mejorar el aislamiento térmico tendría un impacto doble: en disminuir la sobremortalidad invernal y la estival.

Vivir en una casa fría enferma

Por debajo de 16ºC de temperatura interior, se afectan las funciones respiratorias, y por debajo de 12º C, el sistema cardiovascular. El frio produce broncoconstricción, aumento de la producción de moco, disminuye la limpieza mucociliar y la resistencia a las infecciones respiratorias. Lo que supone más probabilidad de constipados, bronquitis y neumonías. Además, los ambientes fríos van asociados a la humedad, y esta al moho y al polvo de ácaros, lo que a su vez se asocia a crisis asmáticas y alergias. Los niños que viven en hogares fríos y húmedos tienen el doble de probabilidades de tener enfermedades respiratorias, asma, bronquitis y alergias[4]

El frio produce estrechamiento de los vasos sanguíneos, aumenta la viscosidad de la sangre y empeora la circulación sanguínea; por lo tanto, incrementa el riesgo de hipertensión arterial, infartos de miocardio e ictus. Un estudio[5] con personas mayores (65 a 74 años) estimaba que por cada descenso de 1ºC de temperatura interior de la vivienda, aumenta 1,3 mm Hg la tensión sistólica y 0,6mm Hg de diastólica.

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Por cada descenso de 1ºC de temperatura interior de la vivienda, aumenta 1,3 mm Hg la tensión sistólica y 0,6mm Hg de diastólica

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También es conocido el efecto de vivir en ambientes fríos sobre los procesos reumáticos y osteoarticulares en general. No menos importante es el efecto del frio sobre el bienestar y la salud mental. Vivir en una casa fría aumenta los síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en adolescentes. Como ya mencionamos en otros artículos, las personas paradas de larga duración (especialmente, los hombres parados) son las que han empeorado mas su salud mental durante esta crisis. Es difícil distinguir el efecto sobre la salud mental por estar parado, del efecto de vivir en una casa fría. Ambos se potencian y desembocan en depresiones y riesgos de suicidio.

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Fuente foto: http://fuenlabradanoticias.com/madrid-quiere-luchar-contra-la-pobreza-energetica/

Las casas frías aumentan el gasto sanitario y farmacéutico

Los hogares que son intervenidos para aumentar la eficiencia energética disminuyen su gasto sanitario (menos hospitalizaciones, visitas a urgencias hospitalarias, menos consumo de medicamentos) frente a los hogares que no son intervenidos. Hay pocos estudios coste-beneficio sobre los programas de mejora de la eficiencia energética. El programa del norte de Irlanda “Warm Houses” que invirtió en un año (2008-2009) 109 millones de libras, estimó que recuperó un 42% en menor gasto sanitario. Otro en Inglaterra estimó [6]que por cada libra invertida en evitar la pobreza energética, el NHS recupera 40 peniques en ahorro en gasto sanitario[7].

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Algunos estudios estiman que entre un 40 y 50% de la inversión en mejora de la eficiencia térmica de las viviendas, se recupera por el ahorro asociado en gasto sanitario y farmacéutico.

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Los efectos indirectos sobre la salud de la pobreza energética

Son más importantes que los directos. Se podrían resumir en:

1º El frio complica las patologías preexistentes (diabetes, ulceras, osteoartritis, problemas de rodilla o cadera, Parkinson, demencia, etc.) y retrasa las recuperación post-cirugía.

El dilema “Heat-Eat” (calefacción o alimentación). La familias en pobreza energética reducen su alimentación para asegurar un mínimo de confort térmico. Un estudio [6] señalaba que mientras las familias de EE.UU de clases media y alta aumentan su gasto de la cesta de la compra en invierno, las de clase baja la disminuyen. Se estima que eso supone un 10% menos de ingesta calórica (de media unos 200 calorías diaria menos). Además, ahorrar energía también implica cocinar menos, comer alimentos que necesitan poca preparación y que suelen ser menos sanos (comida basura). Esta situación pone en peligro el crecimiento de los niños (un hogar frio aumenta las necesidades calóricas para mantener la temperatura corporal, por lo que si se añade además una menor ingesta calórica, el efecto sobre el crecimiento y la formación del sistema inmunológico es importante)

3º Aumenta el riesgo de accidentes domésticos en personas mayores, por perdida de la destreza y fuerza en las manos y por usar sistemas de calefacción abiertos (estufas de resistencia eléctrica, infernillos, braseros, etc.), de mas riesgo de accidentes e incendios, como bien saben los bomberos.

Rendimiento escolar: los hogares en pobreza energética tienen mas absentismo escolar por infeccione respiratorias. Además, es frecuente que en ellos solo se calienta una habitación donde se hace toda la vida, por lo que es la más ruidosa y donde es difícil estudiar. La pobreza energética es otra losa en la desigualdad de oportunidades de estudio y de futuro profesional para las familias que caen en la pobreza

5º Sensación de inseguridad e infelicidad. Los adolescentes son especialmente sensibles a la merma en la salud mental asociado a vivir en casas donde se está a disgusto

Aislamiento social: la pobreza energética produce vergüenza. Se evita invitar a gente a casa, no se sale a la calle para evitar la sensación de volver del frio exterior a una casa fría, se va uno o una pronto a la cama para calentarse bajo las mantas. Se hace menos vida social y se está mas aislado del vecindario.

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Fuente foto: http://granadaimedia.com/wp-content/uploads/2015/02/familia-teresa-medina.jpg

Quiénes son los mas vulnerables y qué intervenciones son más eficientes

La respuesta es simple: los que aguantan peor el frio y los que pasan más tiempo en casa. Es decir, mayores de 70 años, enfermos crónicos y discapacitados (mejor dicho, con diversidad funcional). Sin embargo, cada vez hay más preocupación por el efecto acumulativo de la pobreza energética en los niños y adolescentes y el impacto en su salud futura. No olvidemos tampoco las familias con parados de larga duración, más vulnerables a los problemas de salud mental. Los programas contra la pobreza energéticas deben dar prioridad a proteger a estos colectivos.

Las intervenciones mas eficientes frente a la pobreza energética son las que rehabilitan las viviendas para aumentar la eficiencia térmica, frente a las ayudas para el pago de los recibos o la compra de calefactores. Inciden positivamente y permanentemente sobre la salud de sus residentes, pero también sobre la del planeta al reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

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Si quieres saber más, te recomiendo:

En español:

  1. Informe sostenibilidad en España 2012. Capítulo Especial. Energía sostenible para todos. Pág. 291-326: Efectos de la pobreza energética en la salud. Accesible en: http://www.upv.es/contenidos/CAMUNISO/info/U0637061.pdf
  1. Javier Padilla. “La pobreza energética, un problema de salud pública”. Blog Médico critico: http://medicocritico.blogspot.com.es/2014/11/la-pobreza-energetica-un-problema-de.html
  2. El programa “Salvados” de la Sexta, dirigido por Jordi Evole, emitirá probablemente el domingo 13 de diciembre de 2015 un reportaje titulado: “la Pobreza energética”, en el que colaboré (http://www.lasexta.com/programas/salvados/)

En inglés:

  1. Marmot Review Team for Friends of Earth. The Health Impacts of Cold Homes and Fuel Poverty. May 2011 http://www.foe.co.uk/sites/default/files/downloads/cold_homes_health.pdf
  1. SOPHIE Project conclusions. “Social and economic policies matter for health equity” Pag 41 a 46: Housing policies can reduce health inequalities. Accesible en: http://www.sophie-project.eu/pdf/conclusions.pdf
  1. Joe Butcher. Fuel poverty: how to improve health and wellbeing through action on affordable warmth. A guide to delivering action on fuel poverty for public health professionals, health and wellbeing boards, and local authorities in England. UK Health Forum 2014. Accesible en: http://www.fph.org.uk/uploads/UKHF-HP_fuel%20poverty_report.pdf
  2. Fuel poverty+health. A guide for primary care organisations, and public health and primary care professionals. By Dr Vivienne Press. Produced by the National Heart Forum, the Eaga Partnership Charitable Trust, the Faculty of Public Health Medicine, Help the Aged and the Met Office. 2003. Accesible en: http://www.fph.org.uk/uploads/toolkit_fuel_poverty.pdf

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REFERENCIAS DEL TEXTO (0s dejo los enlaces para descargaros los artículos accesibles:

[1] Healy JD (2003) Excess winter mortality in Europe: a cross country analysis identifying key risk factors. Journal of Epidemiology and Community Health, 57(10), pp.784–789.

[2] Marmot Review Team for Friends of Earht. The Health Impacts of Cold Homes and Fuel Poverty. May 2011

[3] Wilkinson P, Landon M, Armstrong
B, Stevenson S, Pattenden S, McKee M and Fletcher T (2001) Cold Comfort: The Social and Environmental Determinants of Excess Winter Deaths in England, 1986–96. Bristol: The Policy Press.

[4] Barnes M, Butt S, and Tomaszewski W (2008) The Dynamics of Bad Housing: The Impact of Bad Housing on the Living Standards of Children. London: National Centre for Social Research.

[5] Woodhouse PR, Khaw KT and Plummer
M (1993) Seasonal variation of blood pressure and its relationship to ambient temperature in an elderly population. Journal of Hypertension, 11(11), pp.1267–1274.

[6] Bhattacharya J, DeLeire T, Haider S and Currie J (2003) Heat or Eat? Cold Weather Shock and Nutrition in Poor American Families. American Journal of Public Health, 93(7), pp.1149 –1154.

[7] Liddell C and Morris C (2010) Fuel poverty and human health: a review of the recent evidence. Energy Policy, 38(6), pp.2987–2997.

Ayuda a los Ancianos En Navidad

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Navidad es epoca de estar en Familia, de encuentros y festejos. Pero ha y muchos ancianos y enfermos que por circustancias diversas, esta navidad la van a pasar en soledad, o por lo menos la mayor parte de ella.

Quizas pienses que ayudar a otras personas implica el comprarles regalos, u obsequiarles con dinero. Lo cierto que mucho mas valioso que todo eso es, el pasar un rato con esa persona, ayudarla cuando mas lo necesia o incluso invitarla a cenar o a comer en esos dias tan señalados. ¡Eso es un verdadero regalo!.

Como ayudar a los mayores en Navidad

Les puedes ayudar , con actividades en familia que les hagan sentir apreciados y valorados, a olvidarse de todos sus problemas y disfrutar de una ocasión especial con sus seres queridos.

Todos conocemos las limitaciones que suelen experimentar los adultos mayores y en consecuencia, por ahí podemos comenzar ayudándolas. Es decir, debemos pensar en formas en las que podemos hacer más confortable su vida y también a que disfruten estas próximas celebraciones de Navidad en familia.

Con frecuencia, los Ayuntamientos en diferentes comunidades organizan actividades especialmente dirigidas a los adultos mayores, incluyendo actuaciones musicales, recitales de villancicos, incluso bailes y concursos de disfraces.

Todas estas son actividades que promueven su participación y evitan el sedentarismo de tal manera que no únicamente son benéficas en cuanto a levantar su ánimo, sino que también son buenas para su salud mental, física y emocional.

Por ello, es una buena idea que si conoces de algún adulto mayor que pueda beneficiarse de este tipo de actividades, le informes sobre ellas y le ayudes en todo lo posible en caso de que sea necesario.

Ancianos Enfermos.

Si por desgracia , la salud fisica del anciano , le impide desplazarse, o esta internado en alguna institución, siempre podemos adaptar las celebraciones , para que se sienta participie de ellas, bien celebrando la cena de noche buena con el en su casa, o visitandolo en el centro u hospital donde se encuentre, de forma que se sienta querido y apreciado en  estas fechas, en las que suelemn a parecer el recuerdo por los seres queridos que ya no estan, y que como dicen algunos, ” es que cada vez hay mas huecos en la mesa”.

Celebremos la Navidad, de una manera solidaria y alegre, llevando la felicidad a los que la necesitan. Es el mejor regalo que nos podemos hacer.

 

¡Feliz Navidad!

Gabriel Marinero Secretario

Jose Carlos Escalera Cernuda Trabajador Social

Asociación Ayuda al Anciano Sobre Residencias.

Si nos necesitas Llama o escribe. www.ayudaalanciano.org ,Whatsapp:   640 526  523 ,email. info@ayudaalanciano.org